SUS PRIMERAS PALABRAS
Con ese mono-pijama (como decía la abuela) que bien valía una foto, y esa esfera superlativa propia del excesivo desarrollo céfalo caudal de los neonatos, bajó las escaleras tambaleándose, como desafiando al equilibrio, y ante la atenta mirada de su padre, madre, hermanos… y algún que otro escéptico que no confiaban en que pudiera hablar, empezó a articular sonidos guturales; hizo una pausa, y de su contraído cuerpo salió una voz más grave de lo esperado, hasta parecer superpuesta, y acertó a decir: "es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad".