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Mostrando entradas de noviembre, 2012

APRENDIENDO IDIOMAS

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Tras un curso rápido de francés, sentí la irremediable tentación de aprender el idioma a fondo. No lo dudé; hice las maletas; y emigré al país vecino. Entendí, metido en la vorágine de mi gran descubrimiento, porque se madruga tanto; disfruté entrando cada mañana en todos los establecimientos, derrochando cortesía (aunque no recuerdo haber realizado ninguna compra); y busque en periódicos, redes sociales y locales de encuentro, dilatar al máximo posible mi caudal afectivo, buscando amigos madrugadores de entre todos los posibles. Y todo este esfuerzo, toda esta dedicación para sentir como mi boca se hincha carnosa y cálida; como mi lengua palpita brusca en la cavidad; o como finalmente mis labios se proyectan hasta el infinito cada vez que digo con una lenta y sensual sofisticación: bonjour.

DE ACCIDENTES Y MILAGROS

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Hasta chocarse con una pila de maderos no detuvo el coche; tras de sí la puerta de aluminio reventada, una vaca quebrada mugiendo en el prado y la alambrada tendida sobre el suelo, apuntando hacia donde yacía el vehículo. Pese a la aparente quietud del mismo, se abrió de repente una puerta que vomitó un hombre de paso serpenteante, con los mismos caminares que lucía tras abandonar la última cantina. Al otro lado de la finca se escuchó bajo una boina:” gracias a Dios el muy cabrón no se ha hecho nada”. Mientras el mencionado, milagrosamente en pie, se atusaba el alzacuellos.

LA BICICLETA TUVO QUE ESPERAR.

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Siete palillos ardiendo sobre un trozo de pan emborrachado con leche y coñac. -Pide un deseo, pero sin decirlo.- apuntó una diminuta voz en tono afectivo. Inmediatamente después un soplido apagó las velas en cadena llegando a tirar alguna sobre el austero e improvisado pastel. Luego lo partieron en dos y se lo comieron sin apenas pestañear. Dos días más tarde, Pedro, asustado por la solemnidad, pudo escuchar en la radio: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejercito Rojo, han alcanzado las tropas Nacionales sus últimos objetivos militares. La Guerra ha terminado. Burgos 1 de abril de 1939…”. Tras oír la noticia, luciendo una tímida sonrisa, el niño respiró aliviado mientras una idea festejaba en su cabeza la sabía elección de haber dejado la bicicleta para otra ocasión.

SOS (no es mío, aunque me gustaría)

Tal vez si hubiera preguntado dónde era el velatorio no habría acabado en aquella sala del tanatorio de Les Corts, besuqueado por desconocidas mientras los hombres se escapaban hacia la puerta para fumarse un pitillo. Sin saber cómo escapar de aquella situación, di el pésame a la viuda, una mujer hermosa, de unos cuarenta años, que me estrechó la mano con mucha entereza y sin una lágrima que pudiera estropearle el maquillaje. Después me acerqué al ataúd, ya tapado, y pude escuchar unos golpecitos tan leves que el murmullo los hacía imperceptibles. Me volví hacia la viuda y odié haber aprendido morse en el ejército. Relato de Jesús Esnaola Moraza

PARADOJAS DEL DESTINO

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El verdugo novel dudaba en que parte del cuello dejar caer el filo de su todavía inocente hacha. El ajusticiado libre de responsabilidades sabía con seguridad que iba a morir. Pese a tanta certeza, este último, fue el primero en perder la cabeza.

EL TAXIDERMISTA

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Hay pasiones que son como el fuego, lo llenan todo de luz y calor. Eso le debió pasar a Luisito cuando a sus cinco años se plantó en el Museo de Ciencias Naturales frente al diorama de un lince ibérico. Ese día su voraz curiosidad desbordó la sapiencia de su abuelo y, tres años después, lo tenía claro: como futurible taxidermista. A los 18 ya dominaba el oficio, y por sus manos rápidamente pasaron jabalíes; águilas; ciervos… en una incontable inversión de horas. Lo extraño de todo fue que sacara tiempo para seducir a Lola. En un principio se mostró quejicosa ante el aparente abandono que sufría, pero las pasiones, como el fuego, se extienden rápidamente y ella se contagió de tal manera que pronto lo acompañó diariamente, para observar absorta la pericia de su marido ante tan complejo arte. Después de tres décadas juntos, ya ha visto disecar tigres, rinocerontes, elefantes... y actualmente es complicado saber quién siente más pasión pues cuando éste abandona el taller, ella sigue so...

LA DISCUSIÓN

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Menudo estaba hecho. Tras una leve discusión, no supo explicar el por qué de su comportamiento infantil. Parecía funcionar por arrebatos y eso estaba mermando nuestra relación. Él entendió que yo estaba molesta, pero pareció no importarle. Me miró desafiadamente, con el ceño fruncido, mostrando su disconformidad con lo que acababa de escuchar. Luego miró su moto, buscando una escapatoria. Su cuello se volvió a girar anclando sus ojos a los míos, queriendo penetrar en el interior de mi cerebro. No obtuvo la reacción esperada. De manera brusca se subió sobre las dos ruedas y se fue cuesta abajo, adquiriendo una velocidad endiablada por la acera, sin importarle los peatones. Así era; y eso que no levantaba dos palmos del suelo… menudo estaba hecho. FOTOGRAFÍA QUE LO INSPIRO TODO

TOC-TOC Abril del 2012. Seleccionado junto con otros 32 para la edición del libro Eros. La fragua del trovador.

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Miró la puerta del apartamento. Con el segundo timbrazo dejó de cortar cebolla. ¿Quién sería? Su marido en el trabajo, la niña en... no esperaba a nadie. De repente recordó a Jack Nicholson en esa película... Mientras se aproximaba se vio volcada sobre la encimera, apartando cebollas, mezclando brazos, piernas, muslos, carne…. Un escalofrío ascendió por sus largas piernas hasta provocar una agradable contracción a la altura de las ingles. Abrió ruborizada la puerta. El cartero le entregó la misiva, ella rubricó como destinataria el acto. Una gota de sudor brotó de su frente, recorriendo con zozobra sus mejillas, hasta caer sobre el pantalón del uniformado. Tras ello, cerró la puerta, apoyó su espalda contra el dorso y se llevó la mano al pecho. Él se fue, sin saberlo, humedecido.

POMPAS FÚNEBRES

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Y los muertos, huesos encerrados en la negrura de sus tumbas, lloran (por la vacía cuenca de sus ojos) bichos que antes devoraban sus carnes, al conocer que a Pedro, el vecino de la 19, ha venido a buscarle el enterrador para devolverlo a la vida.

LA ÚLTIMA CITA

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Nadie en varios kilómetros a la redonda sabría decir su nombre, de hecho, nadie recordaba haber intercambiado palabra alguna con ella, y nadie le ponía rostro. Era ella quien tomaba la iniciativa; solía presentarse sin avisar, sigilosamente y casi siempre por la noche en casa del lugareño elegido, con el que entablaba interesantes conversaciones hasta el alba. Tenía predilección por los mayores, supongo que por su sabiduría, aunque puntualmente seducía a algún joven para sorpresa de todos. Tras su marcha, el pueblo, por cuestiones de salud y educación, celebraba la visita doblando las campanas en honor al último anfitrión.