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Mostrando entradas de mayo, 2012

EL COMPLEJO (de) EDIPO

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El psicoanalista que frecuentaba me diagnosticó Complejo de Edipo. Afirmó que debía ponerle freno pues podría ser origen de fuertes conflictos familiares. Maté al Complejo, Edipo se escapó. Fue él quien mató a mi padre, pero el juez no me creyó. Finalmente dictó mi culpabilidad. Ahora desde la cárcel escribo, no para redimir mi culpa (que nunca tuve) si no para advertir: “¡cuidado padres del mundo! Edipo anda suelto.” SIEMPRE TIENE CABIDA EL HUMOR

BORN TO BE WILD

Siempre lo tuve claro. Cuando conseguí ahorrar lo suficiente, volé a USA y me compré una Harley. En mi cabeza: una canción; por delante: asfalto, grasientos desayunos, moteles de mala muerte, chicas guapas con mala fama y mucho tipo duro; a mis espaldas: kilómetros recorridos, más de un malentendido, alguna que otra trifulca y un par de objetos personales olvidados. Lo que para muchos sería un simple descuido, para los técnicos eran pruebas periciales. Y aunque seguramente nací para ser libre, la voluntad del jurado popular torció mi sino.

RECORTABLES Y PUNZONES

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El buen hombre, pese a que pudiera parecer lo contrario, anhelaba utilizar la educación pública como trampolín para permitir la formación (sin exclusiones) de una sociedad comprometida, crítica y preparada para liderar con solvencia los retos del futuro. Todas las buenas intenciones chocaron de bruces con la dura realidad aquel día que el más leído de su multitudinario séquito le informó, para asombro de los presentes, que sus hijos desde hacía tiempo estudiaban en la privada. Vencida la sorpresa, ante la ausencia de objetivos (trabajo al fin y al cabo), el señor ministro repartió recortables y se pusieron a “punzonear”.

EL CLAN

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El lobo corrió para salvar al león; ambos, libres de peligro, se apresuraron en socorrer al tigre; finalmente los tres consiguieron auxiliar al leopardo. Cuando recuperados, los cuatro se sintieron protegidos, a salvo, se enzarzaron encarnizadamente por la disputa del reino animal. Donde Nick Brandt pone el ojo

UNO MÁS

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Brazos estirados, manos abiertas, buscando en el cielo una respuesta, mientras se agitaban, como un aplauso mudo, aprobando la propuesta que algún compañero acababa de hacer. No respaldaba todas, pues para eso era una democracia real y su opinión contaba. Ya llevaba cinco días bajando a la plaza aunque el movimiento le llevara un par de ellos de ventaja. En medio de la multitud, observando, sin quitar ojo a todos los detalles, pendiente de cualquier acontecimiento, se sentía uno más. Muchos de los presentes no habían tenido todavía su primer trabajo y otros tantos estaban en la actualidad sin empleo, pero a él también le sobraban los motivos. No podían tildarle de afortunado, su sueldo se había visto reducido, como el de muchos, y las condiciones laborales iban a peor. Cuando alguien alertaba de la presencia de medios de comunicación trabajando en directo era el primero en gritar consignas antimanipulación. Había tenido tiempo de hacer buenas migas con muchos de los presentes y sus ...

ONCE PRIMAVERAS EN OTOÑO

Miró a su alrededor todavía ruborizado, dolorido, avergonzado… con la delatadora mejilla claramente enrojecida y una familiar voz interior reprochando tanta valentía. Recordó el trágico momento que acababa de sufrir y su rostro se entristeció, si cabe más de lo que estaba. Cabizbajo no hizo nada para evitar que los hombros se desplomasen y con ellos cayó el resto del cuerpo sobre un cobrizo manto de verdes venidos a menos. Allí, hundido en su propio dolor, permaneció inmóvil durante cinco minutos esperando que el piar de los pájaros sanara sus heridas. De repente, en su rostro se dibujó una sonrisa. Apoyó sus escuálidos codos sobre la tierra seca y rápidamente se incorporó pensando que podría despejar sus dudas. Buscó una margarita para hacerlo y, ante su ausencia, intentó encontrar otra flor. Giró lentamente sobre sí mismo una última vez y regresó a la melancolía anterior. No hubo flores, ni pétalos, ni certezas… Nada, o casi nada. Sólo un niño con corazón de trapo y muchas dudas que ...

EL DRAMA DEL DESENCANTADO (no es mío, aunque me gustaría)

...el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida. Gabriel García Márquez

SUMAS EN LA DIVISIÓN

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Durante la guerra: 5 hombres, 5 horas, 5 palas sumaban 1 nueva morada para 15 balas que huyendo de la pólvora decidieron alojarse en 15 cuerpos, ahora vacíos de alma. Si mantenemos los sumandos y le quitamos edulcorantes a la suma obtenemos una fosa común.

PAPERMAN. Agosto 2011. Seleccionado junto a muchos para la publicación del libro "El día de los cinco reyes y otros cuentos"

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Nació con un don pero hasta los 6 años no supo de él. Lo descubrió gracias a unas ceras blandas: con su grafomotricidad ya desarrollada dibujó una casa y, cuando ésta estuvo terminada, el papel se tridimensionó y creció, creció y creció hasta alcanzar el tamaño estándar, lista para ser ocupada. Le siguieron múltiples juguetes aunque, en un principio, disfrutaba más con el proceso de creación que con su propio uso. Pasado el tiempo, como suele ocurrir, automatizó la técnica, se convirtió casi en un acto involuntario. No le faltaron amigos (entre los que se encontraban numerosos superhéroes), coches (todavía no inventados), mujeres espectaculares (tanto como su fino trazo le permitía), caprichos infinitos (inimaginables para cualquier otro mortal)… Un día se levantó hastiado, harto de tanta facilidad. Podía tenerlo todo sin esfuerzo, a golpe de papel y tinta, pero no disfrutaba del deseo de lo escurridizo ni de la persecución de lo aparentemente inalcanzable. Ese día cogió un lápiz dim...

CUENTOS CHINOS

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Había una vez un hombre (podía ser otro cualquiera) que trabajaba 8 horas al día, 6 días a la semana, 292 días al año, por un mísero sueldo claramente insuficiente para vivir. Afortunadamente (para el empresario) le sobraba dignidad. (viñeta del blog de) MARTA NAVARRO