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Mostrando entradas de diciembre, 2012

FRENTE AL DISPARATADO PRECIO DE LAS UVAS…

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…Jim Morrison, escondido en un altavoz, soplará acordes para que bailen las velas mientras, a sus espaldas, crecerán dos sombras (nacidas de su contraria) y se batirán a muerte sobre una pared presuntamente blanca hasta derrumbarse ante el mutismo cómplice de una televisión que, en la habitación contigua, acogerá a miles de personas sometidas al embrujo de un reloj. OS DESEO EL MEJOR COMIENZO DE AÑO DE TODOS LOS POSIBLES.

AQUEL SALUDO CORTÉS

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En el piso de mis padres (un quinto), vivía el hijo de un vecino (del cuarto) que nunca me saludaba. Lo cierto es que cuando nos cruzábamos en las escaleras, yo por cortesía y educación (como acostumbro a hacer) le decía buenos días, intentando con el tiempo que la cordialidad de mi voz le animase a contestarme, mientras él tozudamente daba la callada por respuesta. Pese a mi constancia, y a todos los años en los que compartimos escalera, fue un reto imposible. Ayer, tras mucho tiempo de destierro, fui a visitar a mis padres que siguen habitando el citado piso y me crucé con el vecino indomable. Antes de que me diera tiempo a saludarle, por cortesía y sin esperar respuesta, se anticipó y me dijo, luciendo una sonrisa de oreja a oreja: “buenos días”. Me quedé tan asombrado que en mi garganta se formó un nudo y éste impidió dar respuesta al primer paso conciliador que salió de su boca. Cuando dejamos atrás nuestras espaldas, noté un leve pinchazo por debajo del omóplato derecho y, tre...

LA HISTORIA DE UN ROBO

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Los cuerpos negruzcos seguían erguidos en la orilla, a sus pies crecían enormes sombras grisáceas y la arena había perdido su tonalidad, confundiéndose ahora con el bravo mar, que batía suavemente la costa desprovisto de su fuerza azul. Mientras, a lo lejos, el ladrón huía con todos los colores dejando a su paso una estela inconfundible que rápidamente fue bautizada, por los que desconocen la historia, como arcoíris.

UN HÚMEDO SEIS DE ENERO

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“¿Cómo que no van a venir los Reyes?”, espeté a mi madre, provocando un llanto que ya resultaba recurrente. Tiritando y sin estufa seguí con el ritual. Encendí las velas utilizando cerillas y abrí una botella de vino, derramando tres cuartos sobre cada una de las copas, como en otras ocasiones. Desde que mi padre se había ido, hacía un mes, a ayudar a los pajes de los Reyes, yo era el hombre de la casa y, aunque me daba pena su ausencia, alguien tenía que poner orden. Pero mi madre con sus chifladuras, estropeando las fiestas. Que me olvide de regalos… todo el año portándome bien; sacando buenas notas; ayudando a Lola, la del tercero, a subir la compra… para que Melchor, Gaspar y Baltasar me recompensaran. Nada,… ¿qué mosca le habrá picado?. Se iba a enterar ella cuando viera el salón lleno de regalos. Ni uno, ni dos... Apagué la luz y cerré los ojos con fuerza, sabiendo que ellos no me fallarían. Al día siguiente me levanté de un salto, fui al salón y… no encontré nada en el suelo,...

ANIMALES GREGARIOS

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Entre mares de mujeres (cuyos hábitos en movimiento parecían olas), que se agitaban embravecidas; se erguían hombres corpulentos como molinos, moviendo sus largos brazos que, prolongados hacia el infinito, terminaban en unas enormes tijeras. El traqueteo de los hierros (tijeretazo, tras tijeretazo) se veía enmudecido por los gritos, el rumor de las plegarias, y alguna que otra risa socarrona. Mientras mechones de pelo aterrizaban en el suelo por decenas, describiendo en el aire caprichosos balanceos como si alguien los meciese. Una frenética actividad que cesaba cuando uno de los esporádicos “peluqueros” gritaba: “ya está el rebaño esquilado”. En ese momento, la jauría de hombres abandonaba el convento.

CAPERUCITA Y EL LOBO. Mayo del 2012. Ganador del III Concurso de Micorrelatos de las Bibliotecas Públicas de San Javier.

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La única alma humana que había en el bosque, apareció con un hacha en la mano para salvar a la niña. Ésta y el lobo se desvanecieron en el aire. No obstante el leñador no se percató de que lo visto era un señuelo hasta que, tras la abducción, estuvo frente a los visitantes.

EL POZO (no es mío, aunque me gustaría).

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Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior. "Este es un mundo como otro cualquiera", decía el mensaje. Este "breverrelato" es obra de LUIS MATEO DÍEZ.

RITUALES DE SOBREMESA

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Con el tiempo se había convertido en una ciencia exacta. Por muy ausente que ella estuviera, cuando a las cuatro de la tarde Paco abría su botella de brandy jerezano, tardaba escasos segundos en recorrer las estancias de la casa que la separaban del salón y merodear alrededor del sofá en el que él disfrutaba del exquisito elixir. Al verla llegar, encendía un cigarro y saboreaba cada uno de sus movimientos, exhalaba el humo y daba un trago a esa gran copa de balón, en la que acostumbraba a volcar una generosa cantidad del mencionado líquido, siguiendo religiosamente el mismo orden. Mientras ella, abstemia por obligación, se conformaba con los aromas. Un día, reclamado por el ruidoso teléfono del dormitorio, Paco abandonó la habitación y dejó la copa sobre la mesa. Ella, pese a resistirse, dejó que su mirada tonteara con el cálido color de la bebida; los sugerentes tonos que arrancaba la luz al penetrar el interior del recipiente; y el puntual reflejo que conseguía frente a determinado...

E-V@CACIONES FAMILIARES

Tras el arbitraje ganó un buen pellizco… y en vez de esconderse, ahí estaba, collarín incluido apoyado en la barra del chiringuito playero… Mira que le dije: “no te dejes ver que hay inspectores de trabajo muy despiertos como mi amigo Manolo” y él bailando a ritmo de “Chi pego” mientras acercaba las caderas a esa rubia cuarentona, brazos levantados y mojito en mano. Sólo le faltaba desvelar su identidad y comentar a todo cristo la farsa de su baja laboral… Y volvería a defender al propio diablo, pero lo de mi hermano clamaba al cielo; y encima, tras mis consejos el muy cabrón me dijo “redáctame una cédula de observaciones, que estoy ocupado”. Vale que no me haga caso, pero choteos. Cuando respondiendo a los dos toques del índice giro el cuello y se topó con Manolo, sólo se le ocurrió acordarse de mamá.

RESURRECCIÓN

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Ese ser sabía tanto de agua que cada ciertos días; meses; o años… llenaba su cuerpo de tan valioso elemento, adquiriendo las más diversas formas como si fuera un niño hiperactivo; una mujer cuarentona o el más común de los viejos verdes… aprovechando el exceso de líquido que se presume en una playa gaditana; un ibón aragonés; o la más ancha de las bañeras… para luego sin venir a cuento; ni anunciarlo; o concretar la cita con cámara alguna… buscar oxígeno dentro de una milenaria caracola; una cantimplora expedicionaria; o la más vulgar de las tuberías que esconde un tapón… saliendo de nuevo a la superficie escupido por una ola; custodiado por tres ranas pirenaicas; o en la más común refriega de jabón… para sorpresa; asombro; e incluso alucinación de todos los que lo daban por muerto, permitiendo que los telediarios de la región; país o incluso el mundo… abran la suelta de noticias con la resurrección de mil ahogados.