Óscar, aburrido por la tediosa clase de matemáticas, cogió una goma y se acercó sigilosamente a la bola del mundo, abandonada en una esquina del aula, mientras el resto seguía atento a la pizarra. Con disimulo, abrumado por lo que sospechaba era la Muralla China, empezó a borrar con la determinación de un niño. Cuando terminó, instintivamente reparó en una valla que separaba EEUU de su frontera con México repitiendo la jugada. Luego se acercó a Europa y liquidó lo que quedaba del muro que había separado Berlín en dos. Atraído por la sencillez con la que suprimía fronteras, siguió trazando líneas y acercando espacios hasta aproximarse a la geografía nacional: de un gomazo deshizo los Pirineos, el Miño, el puerto de la Lunada, Algeciras y otros muchos lugares que le sonaban. Al final, con la supresión de tantas fronteras, el mundo se había reducido en tres cuartos y Europa parecía una pequeña ciudad. Cansado de tanto usar la goma, se asomó a la ventana y vio un colegio donde antes habí...