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Mostrando entradas de febrero, 2013

EL CUENTO MENGUANTE

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Emulando a los pájaros, el conejo sobrevoló el arbusto e intentó, como en otras ocasiones, sumergirse en la familiar negrura sin tocar suelo, pero se dio de bruces con varias vallas amarillas. - ¿Quién las habrá puesto ahí?- Preguntó indignado con su voz chillona.- Ahí debía estar el gran agujero. Como no hubo respuestas empezó a apartarlas una a una, ante la atónita mirada de la niña. Tras el arduo trabajo, se encontró la superficie tapiada y un llamativo letrero en cirílico. Dado que sus fantasías eran superiores a las trabas lingüísticas acertó a leer: “RECORTES EN CULTURA HAN IMPEDIDO MANTENER EL AGUJERO”. Miró a la muchacha con resignación y encogió los hombros. Alicia apenada se despertó de repente y sobresaltada notó el frío filo de unas enormes tijeras que suavemente acariciaba su blanquecino cuello.

FIESTA DE DISFRACES

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En el redil, por todos es sabido que no hay mejor celebración que aquella en la que los pobres e indefensos corderitos, desvalidos como se dice en los cuentos, degustan con esa finura tan cínica las entrañas de cualquier lobo feroz e inhumano que se deje caer por la velada.

SALUDOS INFANTILES

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Antes de que los adultos reparásemos en ello se rumoreaba, comentaba e incluso debatía en el mundo de los niños, sobre la cita de Heráclito de Éfeso que afirma que nadie se baña dos veces en el mismo río. Desde hace ya algún tiempo, habiéndose superado tal afirmación, libre de la contaminación social de los adultos, los niños más avanzados mantienen que en un mismo lago, bañera o piscina, nunca se meterá la misma persona, pues esta al igual que su entorno, dicen desde su aplastante razonamiento puro, está en constante reinterpretación del medio que le rodea, y por ende de reordenación de uno mismo, y construcción de un nuevo yo. De tan hondas creencias, viene la costumbre que ellos gustan lucir, de saludar siete veces en una misma hora a la profesora, padre, amigo… que tantas veces se les cruce en un espacio limitado. No por cortesía como muchos creen, sino más bien para demostrar su supremacía intelectual.

DELICIOSO BANQUETE

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“A ver si consigue así que papá no haga más el indio”, susurró la mujer mientras, mirando al vacío, lo acariciaba. Él plácidamente se dejaba mimar sin quitar ojo a sus ocho hermanos que seguían lamiendo ese cuerpo putrefacto que les había arrebatado sus maullidos.

COREOGRAFÍA EN EL SUBURBANO Julio del 2012. Relato mencionado junto a otros en Esta Noche te Cuento.

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Aquel viaje me enseñó que ya nadie quería bailar conmigo. Lo recuerdo como si fuese ayer. Entré al vagón y aferrado a uno de tantos hierros fui testigo de la función: tres señores de bien ojeaban periódicos del día; dos escandalosas quinceañeras coqueteaban con un desgarbado pelirrojo, una quejicosa mujer presumía constantemente de sus achaques; la pareja de jóvenes enamorados sonorizaban el lugar; una chica atractiva leía su libro de tapas blancas; los dedos del muchacho trajeado recorrían su corbata impacientemente; un pequeño sector posaba sus ojos sobre la pantalla de un móvil táctil; mientras el resto del pasaje clavaba su mirada en un punto alejado del peligro En cada parada el convoy se detenía, dando paso a una breve coreografía de movimientos rápidos, simultáneos y certeros, que permitía la entrada en escena de nuevos actores, y la baja eventual de alguno de los citados. Sin embargo yo, luciendo mi octogenaria sabiduría, lejos de la agilidad de otros tiempos, permanecía de pi...

CONTESTADOR EN ESPERA (No es mío, aunque me gustaría).

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Sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto, y yo le oprimo el ombligo para que continúe haciéndolo. Durante horas, una y otra vez, a cada segundo, silba ininterrumpidamente como si fuera mi voz. De vez en cuando, le arreglo el pelo ensortijado y le abro el ojo derecho que siempre pestañea demasiado. El esparadrapo me pica y me escuece en la boca. Aprieto de nuevo. Hoy he sido muy lista y mamá estará orgullosa de mí. Cogí su móvil y los policías comprenderán qué quise decirles cuando les conté que todo sucedía mientras mi muñeca silbaba. Deben estar muy preocupados porque responden con un pitido muy largo. Tengo el placer de presentar el precioso y delicado espacio en el que  LAURA GARRIDO  deposita sus joyas con el mismo amor con el que comenta en nuestros blogs. (Entiendo que ya lo conocíais).

DAÑOS (SIN)LATERALES

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Ella con la falda negra, cargada de un luto infinito (aunque no tanto como su pena) se subía las bragas, que a la altura de las rodillas, ya arrastraban kilómetros de rabia y dolor. Mientras él, un joven soldado (de la quinta del chupete), abandonaba el cobertizo, subiendo la cremallera de un pantalón verde arbusto, sabedor de que la guerra civil encubriría sus necios y despreciables impulsos.

FÁBULAS DE ESOPO

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Cuando les quise contar a mis niños la fábula del Águila y la zorra, noté como parte de la clase enmudecía ante la presentación del cuento, mientras en la cara de otros brotaba una sonrisa o saltaba una incontrolable carcajada. Asustado por la airada reacción de la mayoría, impropia de tan imberbes elementos, quise zanjar el tema y mandé a los mencionados copiar 20 veces la definición que la palabra traía en el diccionario vinculado al título. Pasado el tiempo, pude leer en la libreta de uno de los alumnos castigados “animal de costumbres crepusculares y nocturnas; abunda en España y caza con gran astucia toda clase de animales, incluso de corral”, y fue inevitable pensar en mi ex mujer, y como ella a lo largo de tantos años, con esa tendencia tan primaria que la hacía única, consiguió, que yo un humanista convencido, me convirtiera en uno de los herbívoros más ornamentados y majestuosos que pastan en nuestras dehesas. Moraleja: “no te rías nunca de la zorra por lo que en el futuro p...

POSEIDOS POR EL ESPÍRITU DE ATAPUERCA

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En cabeza cinco hombres de potentes cuádriceps y gemelos definidos corren con la elegancia de las gacelas, aunque sus piernas guarecidas tras los pegotes de barro, de algún otro más rápido que ellos, estén a punto de la saturación. Los dorsales, anónimos al sufrimiento, ondean en unas camisetas aparentemente apretadas que esconden ríos de sudor montaña abajo. Y los pantalones cortos muestran caprichosos pliegues, que desaparecen y se transportan al ritmo de las alegres zancadas. Más atrás, los cuerpos se desmontan, las caras se desencajan, y el esfuerzo golpea con dureza en el pecho o en la espalda, pese a que un entregado público reconoce la épica de todo participante con un incesante y arrítmico aplauso. Tal es la implicación del respetable, y el espíritu de la carrera que, de repente, personas de distintas edades sin previa preparación ni sustancial acuerdo se tiran al barro y empiezan a dar atropellados pasos. Pronto, entre dorsales, se ven camisas de cuello alto; entre los corto...

VOLANDO EL CIELO

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El cielo volaba en la cometa, sacudiendo a su paso el suelo sobre el que el pequeño Luís intentaba posar su escaso 36, manteniendo el equilibrio gracias a la fina tanza que le sujetaba al único apoyo estable que, inmóvil, se detuvo entre lo azul.