EN OCASIONES SE PASAN

ONCE PRIMAVERAS EN OTOÑO

Miró a su alrededor todavía ruborizado, dolorido, avergonzado… con la delatadora mejilla claramente enrojecida y una familiar voz interior reprochando tanta valentía. Recordó el trágico momento que acababa de sufrir y su rostro se entristeció, si cabe más de lo que estaba. Cabizbajo no hizo nada para evitar que los hombros se desplomasen y con ellos cayó el resto del cuerpo sobre un cobrizo manto de verdes venidos a menos. Allí, hundido en su propio dolor, permaneció inmóvil durante cinco minutos esperando que el piar de los pájaros sanara sus heridas. De repente, en su rostro se dibujó una sonrisa. Apoyó sus escuálidos codos sobre la tierra seca y rápidamente se incorporó pensando que podría despejar sus dudas. Buscó una margarita para hacerlo y, ante su ausencia, intentó encontrar otra flor. Giró lentamente sobre sí mismo una última vez y regresó a la melancolía anterior. No hubo flores, ni pétalos, ni certezas… Nada, o casi nada. Sólo un niño con corazón de trapo y muchas dudas que esa tarde de otoño, cuando intentaba robar un beso, se encontró con los cinco dedos de Carla.

dormitando en el bosque donde brotan los cuentos

No hay comentarios:

Publicar un comentario