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Mostrando las entradas etiquetadas como DELETRAS

DUELO DE LÁPICES

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Para amenizar mis cincuenta y tantos, dado que no soy de burdeles, ni de clubes de solteronas decidí engañar a mi mujer con una curvilinea muchacha colombiana. Tomé papel y lápiz y me puse manos a la obra. Mi mujer, escritora como yo, leyó por casualidad la citada noche de pasión, y con el despecho y la habilidad de saber como joder, esa noche se acostó en mi mismo papel con otro mucho más joven y guapo que yo. Ante tal osadía de llamarme cornudo sin rodeos, dolido por la maldad del acto más que por los seis orgasmos que le profirió el buen mozo, decidí de las infinitas posibilidades jugar con un trío de mujeres multiétnico (pues dicho sueño llevaba tiempo rondando mi cabeza). Supongo que cuando lo leyó le entraron los mil males, y lo de detallarme en el siguiente pasaje como se lo hizo con los del club de ajedrez (tan blanquitos, tan insulsos, tan poca cosa, tan como yo) resultó de lo más ruin que me podía haber imaginado. Por ello, dado que la sencillez siempre es más redonda, adver...

PÁNICO

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El otro día tuve la osadía de abrí un libro de terror. Las bisagras de sus tapas chirriaron como viejas puertas. Dentro me costó encontrar la luz, pero hubiera sido mejor no haberlo conseguido. Lo que allí vi fue espantoso, y las afiladas hojas resultaron peligrosísimas. Terminé de leer, con el corazón en un puño. Asustado constaté que este no era el mió, cerré las tapas con fuerza, fruto de la tensión, y la huella de mis dedos, ensangrentadas, quedaron grabadas como sellos. Una vez a salvo, note una mano en mi espalda. La paranoia se ha convertido en mi sombra.

NAUFRAGO

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Y el escritor exhausto escucha, tendido contra la calidez de la arena, como el viento pasa las hojas de una libreta que parece mostrarle al cielo. Aturdido se incorpora, apoyando los codos, y confuso mira su mano derecha donde todavía palpita con fuerza la estilográfica en la que nació esa tormenta de palabras.

POR VOLUNTAD DIVINA

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El buitre seguía trazando círculos sobre el moribundo, mientras el sol preparaba la última estocada. Cuando todo parecía sentenciado y lo de salir indemne semejaba una utopía, el escritor decidió que la presa se desvaneciera, mientras el animal y el astro, contrariados, buscaron otra víctima.

EL PLACER DE LEER

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Por fuera, esbelto, fino, especial. Abrí el libro con delicadeza, atraído por su aroma. La primera página era visualmente atractiva. Desde el comienzo sus palabras me atraparon. No era amor, era otra cosa. Cuantas más páginas pasaba, más calor tenía. Me fui quitando ropa mientras avanzaba y noté una complicidad irrepetible. Empezamos a sudar, la textura del papel se volvió pegajosa, nos saltamos pasos mientras la agitación crecía. La avidez nos hizo ir muy rápido, hasta que un estallido de tinta corrió en el último folio. Cuando terminé, me fumé un pitillo. Luego me fui a mi casa.

CAPERUCITA ROJA, UN LOBO LADINO Y EL IRACUNDO PERTINAZ

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Caperucita Roja, como todos los días guardó en la cestita: miel, huevos, rosquillas y leche. Tras ello emprendió el camino canturreando y saltando por el estrecho sendero que separaba su casa de la de su abuela. El lobo, sabedor del desenlace, eludió salir al encuentro y, por ello, el final fue más feliz de lo habitual, salvo para los árboles del bosque que sufrieron la ira de un leñador frustrado.

CAMINOS SIN RETORNO

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Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas, no dejo de pensar en la actitud miserable de mis padres y apenado veo como Gretel sigue cual sombra el paso ágil de esos extraños que una vez nos profesaron afecto. Luego, antes de que nos abandonen, compruebo satisfecho que los pájaros, siguiendo la profecía de los hermanos Grim, se comen las píldoras, y sonrío abiertamente imaginando cómo esa mujer despiadada afrontará su futuro sin la ayuda de Prozac.

UN TRABAJADOR EN LA SOMBRA

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Antes de que amanezca, la niebla que lo ha acompañado durante toda la jornada se pliega sobre sí misma, como papel de regalo, mientras él camina solo por la avenida, algo encogido, arrastrando unos pies agotados tras los kilómetros recorridos. Su cuerpo todavía entumecido por la humedad de la noche, intenta estirazar con disimulo una musculatura contraída, mientras sus rudas manos, se desnudan al aire mostrando las heridas de siete marineros. Más resguardados, sus brazos cuan grúas, acosan a una camiseta que ahora se ha quedado pequeña. En su rostro, unas grandes ojeras crecen a la sombra de una mirada orgullosa, brillante, satisfecha del trabajo bien hecho, mientras en sus labios se esboza una sonrisa al cruzarse con los primeros trabajadores que sin saberlo inauguran su obra; las calles ya están puestas.

MICRORRELATO. LA HISTORIA DE UN NACIMIENTO.

En la claridad del folio en blanco creció, a falta de tinta, una historia muy cortita , para significarse grandilocuente frente a unos ojos hambrientos de letras, y así, sin mucho ruido murió la supremacía breve del relato.