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Mostrando las entradas etiquetadas como Cést la vie

POLICÍA O "SECARIA (Segundo premio del I Concurso Internacional de Relatos Cortos Sobre la Violencia de Género de la Fundación Luz Casanova)

El cole me empieza a aburrir, siempre tenemos muchos deberes y cada vez jugamos menos, pero hoy la seño nos ha mandado una actividad   muy “guay”. Nos ha encargado para mañana que pensemos qué queremos ser de mayores. En el recreo algunas compañeras me han dicho que quieren ser princesas salvo Laura, Nuria y María que quieren ser maestras; Esther que quiere ser futbolista y Lola que va a trabajar en el circo como sus padres. Yo he estado a punto de decirles que ser princesa es lo peor del mundo, que no se crean que es todo como lo pintan en los cuentos, que los cuentos siempre mienten ¿o han visto algún dragón o algún duende con siete años?

DIEZ PASOS PARA ENCONTRAR LA FELICIDAD (Finalista del IV Certamen de Realtos Alberto Fernández Ballesteros)

PASO UNO: Acércate a la fachada de tu casa. Fíjate en la pared. Llevas cinco años pagando fielmente la hipoteca, y te quedan treinta por delante. Pese a ese esfuerzo titánico parece que tiene humedades. Saca las llaves y abre la puerta. Tener humedades pagando casi mil euros debiera estar prohibido.             Deja que un sentimiento de congoja te invada. “¿Qué sentido tiene tu vida?” No hallas respuesta. La casa está desordenada. Desde que se fue Leonor nada se parece a lo de antes. Dirígete a la cocina. Abre la bolsa y saca la pizza. Pon el horno a calentar. Abre el frigorífico y extrae una cerveza. “¿Qué estará haciendo Leonor?” Deja que te invada la duda. Tras dos cervezas y una llamada a tu madre, la pizza estará libre. Sácala con los guantes que compraste en la Teletienda y acude con ella en el carro transporta comida (que adquiriste en la cadena esa en la que tanto compras) al salón. Por el camino el robot aspir...

TABACO

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Su padre fue a por tabaco y no regresó. Su marido fue a por tabaco y no regresó. Su hijo fue a por tabaco. Cuando regresó la madre ya no estaba.

SIEMPRE HAY UN ROTO

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El hombre, natural de Pamplona, acostumbraba a vestir como un señorito, siempre de traje y chaqueta, con ropa tan cara como estirada. Era una completa impostura, pues su familia, de posibles en el pasado, había perdido todo su patrimonio en inversiones arriesgadas. Está máscara, dada la inercia de su pose, no se la quitaba en público. Eso sí, nada más entrar en el caserío que todavía conservaban, abandonaba su fina estampa: colgaba el cuerpo de espalda ancha y hombros altivos, con cejas inquisidoras y se calzaba el pantalón vaquero roto por la entrepierna, y la camisa descosida a la altura del sobaco. Ni que decir tiene, que con dichas prendas se encorvaba la espalda y fruncía el ceño, encogiendo las cansadas cejas. De esta forma, no desgastaba ni el traje ni la percha.

EL EURO, EL VIOLINISTA Y EL TRANSEUNTE

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La moneda salió del bolsillo del pantalón prieto, vaquero de un desconocido. Desde el dedo gordo de este transeúnte, trampolín del gesto, de lo diminuto, se elevó varios centímetros y en el aire, tras un carpado, trazó cinco mortales y dos tirabuzones antes de caer sobre el tapiz. La recepción no fue limpia, entró en contacto con la felpa y dio tres botes para luego, de canto describir una circunferencia rodeando las cinco monedas que le habían precedido dentro de la protegida funda del violín. Finalmente fue cruz. El hombre, que sostenía el instrumento, miró al joven, con cara extrañada, casi amarga, frunciendo el ceño y torciendo los labios. Debió de pensar para sí mismo “hay urbanitas gilipollas”, pero esa impronta fruto de un microsegundo, no le impidió quedarse con el botín, pues él, hijo de marinero, sabía que “todo o que cae na rede e peixe”. Luego observó la funda, con las seis monedas sembradas en la superficie y deseó que crecieran pero, como supo que eso era una quimera, d...

TERREMOTO

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Por fin quietas, las dos dejaron de temblar. Ante el nuevo estado, un fugaz cosquilleo las recorrió en dirección ascendente. Exhaustas se estiraron, descubriendo la planta de los pies. Una brisilla primaveral se coló entre los dedos. Hacia el norte la planicie se mecía verticalmente cuan mar calmo; culpable, un corazón batiendo sus alas, como queriéndose abrir paso sobre su pecho. En el rostro reinaba una sonrisa. Mientras, él encendió un pitillo.

ENTRESIJOS DE UN SUICIDIO

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-A la cola, como todo el mundo.- Le dijo un hombre calvo, aparentemente enfadado. - Pero si yo sólo quería tirarme por el puente.- Respondió con tono contrariado. - ¿y?... ¿qué se cree usted, que el resto estamos curioseando?- Preguntó el primero mientras abría sus brazos y encogía los hombros. Resignado, empezó a caminar hasta encontrar la base de la cola. Allí, tras un cuarto de hora de quietud, amenizado con el trasiego de familiares llorosos, mucha ambulancia y una tormenta de flases decidió desistir, pues aunque no le faltaban ganas, era mayor su impaciencia.

CON MENOS CUENTO

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Me levanto temprano; me saca la perra a pasear y vuelvo rápido a casa. Recuerdo de camino que tengo algo descuidado el blog. Al llegar mis pies me adelantan y me sorprendo segundos después frente al escritorio: abro el cajón de la izquierda que como siempre sigue en la izquierda (manías suyas) y meto la mano intentando recuperar alguno de los muchos micros escritos en veranos pasados (cuando los dedos todavía tecleaban enérgicos y la prosperidad de palabras daba para media novela). Una vez dentro mis manos empiezan a hacer movimientos espasmódicos sin hallar ni rastro de los papeles. Por el contrario tropiezan con un par de objetivos, una sencilla cámara réflex digital, dos baterías y ... "¡Joder ahora lo entiendo todo!,¡la creatividad no se destruye, se transforma!. Pues al tema entonces. He quedado, pero más tarde aprenderé a tirar fotos y… ¿el blog?... el blog… es verano; que escriban los que saben, el resto a otros menesteres. Un cafecito y lo dicho “a renunciar al sueño que d...

EL JUGADOR

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Perdió jugando al póquer: dinero, fincas, casas y coches. Cuando quiso jugarse su vida ya no le pertenecía.

TRAS EL PORTAZO

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“El que calla, otorga” sentencio. Tras ello, salio rápido, pisando fuerte, y tras ella se quiso marchar la puerta, encontrándose con un fijo marco. El estruendo retumbo en sus oídos, y tras una pausa, él miro… miro hacia el armario y vislumbro una pronta fuga de ropa; miro hacia la coqueta y predijo una breve huida de fotografías; miro hacia la estantería y temió una rápida evaporación de libros. Solo después de repasar las distintas pertenencias compartidas fue consciente de que el cambio que más le costaría asumir, era el estado civil.

96

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Mi acuciante discalculalia me impide disfrutar, muy a mi pesar, de alguna de las posturas más populares del KAMASUTRA, y por mucho que me empeño, esto no hay calculadora que lo arregle.

VOCACIONES INCURABLES

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“La bala, en la sien”. Decía, sin quitar ojo a su oponente. “Eso es lo que te mereces”. “Que no me mires capullo”. Y para intimidarle más, apuntaba a su cabeza con una improvisada pistola formada por tres huesudos dedos. Echaba pecho y mantenía la mirada desafiante. Y volvía a recurrir a algún improperio ya familiar. En ese instante entró la madre en la habitación y le dijo “cuando se te quitarán los pájaros de la cabeza hijo, para ser actor hace falta mucha suerte”. Él la miro y respondió: “Are you talking to me?”

GIRANDO

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Y el juez se empecina en juzgar; y el administrativo se empecina en administrar; y el médico se empecina en medicar; y el entrenador se empecina en entrenar; y el político se empecina en politizar; y el bombero se empecina en bombear;… mientras los millones de parados (seleccionados sin ton ni son) permiten que este mundo siga girando.

HISTORIA DE UNA ENEMISTAD

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Se escuchan, se hablan, se alaban y se sonríen. Se critican, se hablan, se alaban y se sonríen. Se critican, se odian, se alaban y se sonríen. Se critican, se odian, se responden y se sonríen. Se critican, se odian, se responden y se...

LA VUELTA AL MUNDO

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La cadencia de sus zancadas era cada vez menor; los horizontes vencidos superaban el millar; las zapatillas gastadas resultaban incontables; grandilocuentes puestas de sol permanecían en su retina; una mochila parcheada atestiguaba el largo caminar… En el alumbramiento de ese nuevo amanecer los ojos cansados y el mutismo de su cuerpo chocaban con la romántica visión del mochilero solitario.

CABALLERO DE ATREZO

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Tras estrechar las manos, el uno se fue a su casa mientras el otro cerró con llave su despacho. Bajo el escritorio escondía una bolsa de deportes, y en su interior guardaba un pasamontañas y unos guantes de látex. Una vez puestos, abrió con elegancia la primera carpeta y cogió la estilográfica negra. Sobre la ostentosa silla de cuero empezó a ejecutar las firmas y uno a uno despachó todos los folios. Luego introdujo el archivo en su carpeta y ésta en la caja que ponía: Luis del Monte. Telefoneó al susodicho, del que se acababa de despedir y su lengua empezó a articular movimientos automáticos mientras su cerebro enlazaba frases inconexas: “un iluso más…”; “parecía noble…”; “fue firme el apretón de manos…”;… Al colgar, procedió a quitarse los guantes y el pasamontañas, e hicieron, como tantas otras veces, el camino de vuelta a la mochila de la que habían surgido. Cuando se disponía a salir de su oficina, tropezó con un reguero de sangre. Se agachó, arrugando el lustroso traje y vio como...

BORRANDO PESADAS HUELLAS

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Óscar, aburrido por la tediosa clase de matemáticas, cogió una goma y se acercó sigilosamente a la bola del mundo, abandonada en una esquina del aula, mientras el resto seguía atento a la pizarra. Con disimulo, abrumado por lo que sospechaba era la Muralla China, empezó a borrar con la determinación de un niño. Cuando terminó, instintivamente reparó en una valla que separaba EEUU de su frontera con México repitiendo la jugada. Luego se acercó a Europa y liquidó lo que quedaba del muro que había separado Berlín en dos. Atraído por la sencillez con la que suprimía fronteras, siguió trazando líneas y acercando espacios hasta aproximarse a la geografía nacional: de un gomazo deshizo los Pirineos, el Miño, el puerto de la Lunada, Algeciras y otros muchos lugares que le sonaban. Al final, con la supresión de tantas fronteras, el mundo se había reducido en tres cuartos y Europa parecía una pequeña ciudad. Cansado de tanto usar la goma, se asomó a la ventana y vio un colegio donde antes habí...

DE MUNDOS Y PAÑUELOS (UN CUENTO RECURRENTE)

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A veces sucede que por casualidad, destino o accidente… te encuentras con un viejo amigo, exnovia o amiguete… en un bar de carretera, parque concurrido o supermercado al uso; bien sea por enemistad, sentido común o la más simple de las perezas… ambos evitáis el encuentro. A veces sucede que pese a las reticencias iniciales: la curiosidad, el salir de dudas o la propia torpeza… os conduce a cruzar una mirada decisiva, y esta, irrefutablemente os obliga a mantener una conversación superficial en la que ambas partes, en esa versión reducida de una sinopsis vital, omitís más datos de los que mostráis. A veces sucede que tras cinco minutos de conversación ambos sentís una nostalgia que os encoge el pecho, y os empeñáis (silenciosamente) en recordar aquellos maravillosos momentos, deseando con todas las fuerzas dar marcha atrás en el tiempo, para poder solo así disfrutar plenamente de la ausencia del otro;… bien sea por enemistad, sentido común o la más simple de las perezas.

EL ÚLTIMO PASO

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Con el paso del tiempo, su menguante caminar le alejaba de su puesto de trabajo. Pese a ello seguía estando cerca. Ahora, a dos años de jubilarse, le separaban 2084 pasos. Cuando abrió la puerta de casa empezó la cuenta atrás. Al llegar a la calle ya llevaba doscientos, luego todo recto hasta el primer semáforo, y tras cruzarlo, guiado por un pitido intermitente, alcanzó los mil. Giró a la izquierda, y con un alegre batir el bastón duplicó los anteriores, justo a la altura del quiosco en el que saludaba a Elías, coetáneo suyo en el barrio. Volvió a doblar la esquina sin esfuerzo, ahora a la derecha, y afrontó la recta final. Acercándose al puesto de cupones, llaves en mano, se topó con un bullicio inusual, pero como era costumbre, lo primero era abrir el negocio. Tal vez por ello, o por la acuciante ceguera con la que mantenía una fidelidad inusitada desde hacía cincuenta años, no se percató del desencantado que desde la cornisa de su décimo piso, sobre su cabeza, se disponía a dar u...

DESORDENANDO IDEAS (dedicado a Laura Garrido en agradecimiento al premio otorgado)

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En la terraza del bar observo como dos amigos creen que han quedado el uno con el otro, mientras “wasapean” con otros amigos no presentes. Decido en ese momento llevarme la mano al bolsillo y tirar el twiter, el Facebook, el iphone y la minipimer. Tampoco me preocupa, pues siendo sincero, nunca aprendí a utilizarlos. Eso sí, el blog ahí sigue, después de un año y tres entradas, sobreviviendo a mis desavenencias tecnológicas, tras un parto en el que nació como un juego entre cervezas y aprendizajes guiados. En algún sitio debo guardar los textitos con los cuales combato la incomprensión global que me golpea. Apuro la cerveza, y dejo a los dos conocidos desconociéndose a pares. Mientras paseo por la ciudad imagino la matemática muerte del blog. Por edad, cada año que pase será uno menos de vida, hasta que se complete la cuenta atrás. De momento sigue en su más tierna infancia. Se acerca una mujer (aunque podría ser un hombre), me comenta algo, sin censura previa, pues ya mucha hay en el ...