La cadencia de sus zancadas era cada vez menor; los horizontes vencidos superaban el millar; las zapatillas gastadas resultaban incontables; grandilocuentes puestas de sol permanecían en su retina; una mochila parcheada atestiguaba el largo caminar…
En el alumbramiento de ese nuevo amanecer los ojos cansados y el mutismo de su cuerpo chocaban con la romántica visión del mochilero solitario.
CUENTOSPIGMEOS
EL LUGAR DONDE LOS MICRORRELATOS CAMPAN A SUS ANCHAS y las palabras, queriendo ser gotas, se posan sobre el vidrio para luego resbalar, intentando sumarse a otras palabras, fecundándose hasta el infinito hasta parir innumerables charcos de esos que muerden pero afortunadamente nunca ladran.
EL PLACER DE LEER
Por fuera, esbelto, fino, especial. Abrí el libro con delicadeza, atraído por su aroma. La primera página era visualmente atractiva. Desde el comienzo sus palabras me atraparon. No era amor, era otra cosa. Cuantas más páginas pasaba, más calor tenía. Me fui quitando ropa mientras avanzaba y noté una complicidad irrepetible. Empezamos a sudar, la textura del papel se volvió pegajosa, nos saltamos pasos mientras la agitación crecía. La avidez nos hizo ir muy rápido, hasta que un estallido de tinta corrió en el último folio. Cuando terminé, me fumé un pitillo. Luego me fui a mi casa.
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DELETRAS
MONIGOTE (No es mío aunque me gustaría)
La mayor parte de mi vida transcurre en la oscuridad, vivo dentro de una caja. A veces me sacan y durante un tiempo indefinido me hacen actuar, después vuelven a guardarme y la cierran.
He intentado desatarme, quiero huir, pero me enredo en los hilos que me mantienen aprisionado. A veces consigo deshacer el nudo de la cuerda que me inmoviliza la mano pero nunca puedo soltar el resto de los que sujetan partes de mi cuerpo.
Mi cabeza se bambolea, empieza de nuevo la función, no deseo bailar al son que me marcan. Mirar hacia arriba me aterra, soy incapaz de aceptar la aparición de esa mano que mueve los hilos.
No quiero creer lo que soy.
CORTESÍA DE ELY Y SU ARTE, SIEMPRE MEDIDO
He intentado desatarme, quiero huir, pero me enredo en los hilos que me mantienen aprisionado. A veces consigo deshacer el nudo de la cuerda que me inmoviliza la mano pero nunca puedo soltar el resto de los que sujetan partes de mi cuerpo.
Mi cabeza se bambolea, empieza de nuevo la función, no deseo bailar al son que me marcan. Mirar hacia arriba me aterra, soy incapaz de aceptar la aparición de esa mano que mueve los hilos.
No quiero creer lo que soy.
CORTESÍA DE ELY Y SU ARTE, SIEMPRE MEDIDO
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