SITIOS EN LOS QUE BEBEN LO QUE LEEN

PREGUNTAS QUE TE HARÁS CUANDO YA NO SIRVA DE NADA



Toma la lista de preguntas que te hubiera hecho.
No las contestes.
Que sigan vivas por lo menos ellas.
 Patricia Andrada.

Estarás nervioso. Muy nervioso. Tan nervioso que no sabrás discernir si los nervios son fruto de que el instructor se haya anclado a tu cuerpo y el salto sea inminente, o si el motivo de esa angustia es que sospechas que algo se te escapa pero no sabes muy bien qué es ese algo. Muy lejos de esa disyuntiva tu cerebro seguirá barruntando. Hazlo sin miedo. Pregúntate:

¿De qué conozco yo al tipo este?.


OH! CAROL


Si las comidas las empezara por el postre, podría decir que cuando entré hacía tiempo que Fifí ladraba haciendo honor a su sombra. De lo contrario no estaría hablando de Fifí. En el piso de abajo los golpes en la pared habían despertado al bebé. La carta que voló desde España estaba sobre la mesa que utilizaba como escritorio la señora Brown.

La Señora Brown nos pedía que la llamáramos Carol. A mí me sonaba a caracol dicho por un niño muy pequeño. Ella tenía tres hijos, aunque el más pequeño todavía no decía Carol intentando decir Caracol. Tampoco lo decía sin intentar decir otra cosa. 

HABITACIÓN SIN BOMBILLAS (Relato que da nombre a un libro).


Apoyo el dedo índice sobre la barriga del interruptor. Pulso. Miro al fluorescente de la cocina. No da señales de vida. Es una luz de encendido pausado, intermitente, pero si no arranca a la primera no se enciende. Me duele la cabeza. Suele pasarme los días de lluvia. Padezco jaquecas. Miro al techo. Pienso que se habrá fundido. A veces sucede. Doy tres pasos hacia atrás, dirección al pasillo. Estiro la mano, y aprieto el interruptor. Es una luz dura, de encendido inmediato. Permanece ausente, en silencio, sin llama. A falta de respuestas se encienden las alarmas. Recorre mi espalda un escalofrío que termina en la nuca. Llueve copiosamente fuera y a mi cabeza llegan imágenes del pasado.