DESPOJOS DEL REC
Por piernas las patas de una mesa rota; para el tronco, el de mi abuela Hortensia; como brazos los de mi niñez, acabados en dedos BIC de cerbatana; la cabeza, un libro gordo, de nombre Petete;… y a caminar hasta la puerta de los REC. Agolpados miles de despojos, que sólo adquirirán categoría si la suerte de portero los señala. De vuelta a casa cabizbajo, sin suerte ni presencia, toca guardarlos en el sótano. Cuando sumo veinte, el temblor del suelo amenaza, y libero a los más extraños, originales o mutilados para mostrarlos con altanería en concursos de disfraces o desfiles de modelos, incluso teniendo fortuna en ese alarde de reciclaje con el OOHHHHHHHHHH!!!!!! de algún despistado reconocimiento. Pero los más siguen escondidos, tristes, apenados como despojos; agazapados retorciéndose en su guarida. Y de un mes a esta parte, ni comen ni mastican… sólo braman y gritan inquietos por la revolución que dicen llegará mañana, cuando el mundo se llene de relatos que nunca tuvieron sombr...