EN OCASIONES SE PASAN

COREOGRAFÍA EN EL SUBURBANO

Aquel viaje me enseñó que ya nadie quería bailar conmigo. Lo recuerdo como si fuese ayer. Entré al vagón y aferrado a uno de tantos hierros fui testigo de la función: tres señores de bien ojeaban periódicos del día; dos escandalosas quinceañeras coqueteaban con un desgarbado pelirrojo, una quejicosa mujer presumía constantemente de sus achaques; la pareja de jóvenes enamorados sonorizaban el lugar; una chica atractiva leía su libro de tapas blancas; los dedos del muchacho trajeado recorrían su corbata impacientemente; un pequeño sector posaba sus ojos sobre la pantalla de un móvil táctil; mientras el resto del pasaje clavaba su mirada en un punto alejado del peligro

En cada parada el convoy se detenía, dando paso a una breve coreografía de movimientos rápidos, simultáneos y certeros, que permitía la entrada en escena de nuevos actores, y la baja eventual de alguno de los citados. Sin embargo yo, luciendo mi octogenaria sabiduría, lejos de la agilidad de otros tiempos, permanecía de pie, parada tras parada, aferrado a una barra vertical, como único chaleco salvavidas entre mares de indiferencia, aprovechando que ésta carecía de cualquier empatía para poder ocupar otro asiento.




SE PUEDE LEER AQUÍ

2 comentarios:

  1. Aquí estoy Miguel. El comentario más largo te lo dejé en ENTC, pero no quería dejar de decirte que ese instante que retratas con tu prosa lírica me gusta mucho.

    Mucha suerte para las selecciones.
    Besos y abrazos

    ResponderEliminar
  2. Gracias Laura, como siempre a pie de micro, animando a los demás para que sigamos tecleando este piano con letras, aunque las composiciones disten mucho de la calidad de los clásicos.

    Gracias por tu comentario, por tu presencia y ardua labor de seguimiento.

    Una perta.

    ResponderEliminar