EN OCASIONES SE PASAN

EL CICLO DE LAS PALABRAS

Desde hace un año observo tranquilo como mis ideas se evaporan, y luego, atónito compruebo como, sin grandes alardes, se condensan sobre mi cabeza formando pequeñas nubes. Antes de salir de la habitación, esas tercas imitadoras de lo natural, dejan caer palabras de diferentes tamaños, pesos y condiciones, y las muy osadas se posan sobre el vidrio de mis gafas o sobre esa botella de licor café que quiere ser contada. Luego, siguiendo el protocolo, resbalan, se dejan caer y se suman hasta convertirse en charcos que, sobre el suelo, pronto serán mares, en los que se bañarán historias de sirenas de lo ambiguo; en los que se mojarán cuentos de dromedarios sin joroba; en los que ahogaré agujas para convertir en vulgares ciclopes a extraordinarios “paresdeojos”… y donde con menos frecuencia dejaré que Marilyn me cante una canción mientras soplo las velas deseando que esas locas palabras surquen nuevos mares, o que la cera blanda y caliente funda su blanquecina esencia sobre la negrura más espesa de todas las tartas que jamás haya probado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario