EN OCASIONES SE PASAN

EL TIEMPO Y EL HOMBRE MADURO

Un día el hombre maduro vio como el tiempo se posaba sobre su ventana, y aprovechando un despiste se abalanzó sobre él. Antes de que se diera cuenta tenía a ave cronos encerrado en la pequeña jaula de finos barrotes y suelo de latón que antes había sido de su jilguero y ahora parecía estar hecha a su medida.

Aprovechando que el tiempo ni volaba, ni corría; el hombre maduro empezó a llevar una vida desenfrenada, abusando con buen criterio de todos los vicios, placeres y vicisitudes que llamaban a su mente, acoplando las nuevas costumbres a esa acomodada vida urbanita de la que hacía gala. Tal era el ajetreo del caballero, que no reparó en que cada vez el tiempo piaba con menos energía, e incluso se le veía más triste. Esas señales pasaron desapercibidas hasta que una noche cualquiera, mientras el hombre maduro cabalgaba a lomos de la luna, notó una punzada en el pecho, y su corazón se cayó sobre ese suelo de latón, en el que en algún momento había dormido el tiempo que ya no tenía.

4 comentarios:

  1. Es muy bonita la metáfora que encierra tu micro. Me ha encantado.
    Besicos muchos.

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    1. Supongo que en ocasiones así es la vida. Cuestión de inconformismos: el joven quiere ser viejo y el viejo...

      Me alegra que te haya gustado.

      Una perta gorda.

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  2. Precioso este relato breve sobre la madurez y la juventud. La jaula como recurso metáforico de todo lo que se escapa y es inasible: nuestro tiempo, la juventud, aquella mirada de curiosidad que tanta nos gustaba.... Me gusta mucho como lo has contado y me alegro de haberme pasado por aquí.

    Un abrazo para tí.

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    1. Gracias Laura. Es todo un placer tenerte por aquí. Ya sabes, esta es tu casa, aunque no acudas mucho, pues ya sabes como vuela la juventud.

      Una perta gorda.

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