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Mostrando entradas de marzo, 2013

CONDENADOS A NO ENTENDERSE

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Las gafas azules, para desayunar; las de color verde, para comer; las marrones para cenar; las negras; para mandar dinero a su mujer y a sus tres hijos; las blancas… Tiro de la manta y echo a correr. Un hombre de azul impoluto le perseguía subido a 125 caballos; los dos estaban condenados a buscarse la vida; la persecución era algo coyuntural.

HISTORIAS, HISTORIAS, HISTORIAS (No es mío, aunque me gustaría).

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El día en que murió don Álvaro no llovió en Mondoñedo. En la portería del paraíso lo aguardaba Pedro, con un libro antiguo lleno de páginas en blanco y una pluma de ave del año mil y pico. Rápido corrió el rumor de que el gallego lo llenaría con relatos de magos, damas melancólicas y sirenas griegas; semblanzas de campesinos, curanderos y boticarios; travesías marineras de mozos que aprendían a vivir y de viejos comerciantes llenos de nostalgia; vagabundeos de ánimas y sochantres y fugas de rubios condotieros. Tanto fue el alboroto entre ángeles y bienaventurados que las nubes, impacientes por comenzar la lectura, no se acordaron de llorar. DISFRUTEN SIN LIMITES DE LAS BUENAS LETRAS QUE SE MEZCLAN EN LA CASA DE "PATIVANESCA"

STAIRS TO HEAVEN

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La cucharilla encendida licuaba la solidez de una muerte. El interior de la jeringuilla absorbía con gusto el líquido caliente, mientras, la goma ya había despertado a las escaleras. Gracias a la aguja, el cielo subía por ellas.

TRISTE SONATA PARA PIANO Agosto del 2012. Finalista en el Certamen literario miNatura de microrrelatos Fantásticos.

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Él desde pequeñito, en su Argentina natal, había demostrado interés hacía los instrumentos. Pero no fue hasta los 14 cuando tocó su primera tecla de piano. En ese mágico instante, quiso la casualidad (o el exceso de población) que cayera abatido al suelo un joven en China. A esa primera le siguieron decenas, cientos, miles, millones de teclas, llegando a emular complejas piezas de los clásicos: Chopin, Beethoven, Mozart... Pendientes de cada una de esas teclas se descolgaba la vida de una persona en las antípodas. La afición, como cabía esperar, fue in crescendo a un ritmo vertiginoso, y el ímpetu de sus muñecas, el salto de sus falanges, el potente latido de su corazón cada vez que se sentaba frente al piano, actuaba como la más letal de armas a miles de kilómetros. Y así, en escasos trece años la extraña pandemia barrió, cuan fichas de dominó, cualquier resto de vida humana, desde China hasta el cuartucho donde parecía tocar el piano la propia muerte. No obstante la casualidad ...

CAMINOS SIN RETORNO

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Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas, no dejo de pensar en la actitud miserable de mis padres y apenado veo como Gretel sigue cual sombra el paso ágil de esos extraños que una vez nos profesaron afecto. Luego, antes de que nos abandonen, compruebo satisfecho que los pájaros, siguiendo la profecía de los hermanos Grim, se comen las píldoras, y sonrío abiertamente imaginando cómo esa mujer despiadada afrontará su futuro sin la ayuda de Prozac.

BAJO EL INFLUJO DE UN RETRATO

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“…Algunos nos hemos levantado una vez antes de amanecer, después de una de esas noches de insomnio que casi nos llevan a enamorarnos de la muerte” y… aunque me hubiese gustado, este no era el caso. Lo cierto es que no sabía cómo había llegado, ni que hacía frente a ese retrato; pero rápidamente me sentí atraído por su fuerza. Cada pliegue de su cara, cada ínfimo detalle del rostro transmitía verdad, y el anciano semejaba ser de carne y hueso. El pintor del lienzo, con un sublime juego de luces y sombras, me había cautivado. Interrumpido por el flash de algún osado retomé la sugerente imagen, escrutando cada milímetro del brillante cuadro. Fue entonces cuando me fijé en su mirada. Me llamó poderosamente la atención ver en la pupila derecha el reflejo de un hombre de pelo canoso, de mediana edad y fino porte, que observaba con avidez algo. Busqué ese mismo reflejo en la otra pupila… cuando caí en que el hombre descrito era yo. Me invadió la congoja más profunda que jamás haya sentido y...

DISPARATES FAMILIARES

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- Déjala a ella que sea pájaro.- dijo en tono solemne. - Pero papá todos se van a reír- replicó rebelde. - Ese es su problema, no el nuestro.- concluyó el patriarca. - Parece que en esta casa todo el mundo se ha vuelto loco.- Musitó el pequeño dando por perdida la batalla. Concluida la conversación, mientras padre e hijo se dejaron caer del nido para ir a la oficina, la pequeña de la familia desplegó las alas y salió volando en busca de ese sueño.

ASESINATO EN PEQUEÑAS DOSIS

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Empecé a recibirlos con mucho gusto, me sorprendía la calidez con la que salían de la boca, me hipnotizaba la normalidad con la que se colaban por los oídos, me encantaba la suavidad de los dedos apoyados frágilmente sobre mis hombros, y esa mirada asertiva, ese cuello activo, esa afirmación constante. Luego, cuando llegaban al estómago empezaba a producir las mismas sensaciones multiplicadas por dieciocho, y así con un carro o dos, cargadito, intentaba acoplarlas en mi interior. Hacía la digestión con una sonrisa en la boca y dormía a pierna suelta sabedor de mi enorme valía. Así, fueron pasando los meses y yo, con mi esbelta figura, engordaba sin parecerlo a un ritmo desorbitado. Poco a poco fui aumentando tanto, que mi abuela se asustó, creyéndose responsable de mi levitar egocéntrico. Sí, es cierto, nadie te avisa de los efectos secundarios, nadie te advierte de esos comportamientos ególatras, de ese enfermizo creerse el ombligo… Pero lo peor lo sufren los seres queridos, los de al...

ORFANDAD (No es mío, aunque me gustaría)

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Sus padres biológicos murieron en un accidente de tráfico mientras él estaba en clase de equitación. Un fallo en los frenos del coche les impulsó al precipicio, camino de su casa en la montaña. Tenía doce años y a nadie más en el mundo. Cuando, seis años después, la policía llegó para anunciarle que sus padres adoptivos habían muerto en el naufragio de su yate en el Mediterráneo, él estaba en el examen de selectividad de septiembre. Se había despedido de ellos dos días antes, dejándoles en la isla y prometiéndoles que volvería con un aprobado. «No puedo olvidar que he de deshacerme de todos los manuales de mecánica en cuanto llegue a casa» pensó –sin un pellizco de compunción–, bajo el calor metálico de la meseta, mientras calculaba –grosso modo- el monto total de esta segunda herencia, que le permitiría vivir sin trabajar el resto de su vida. Sacado con premeditación y alevosía de la casa de Pedro Sánchez Negreira , DONDE SIEMPRE CRECE BUENA PROSA

VUELTA A CASA

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Tal vez cansada de planear durante horas intentando emular el vuelo del águila; a lo mejor hastiada de sobrevolar los rincones más espectaculares del mundo sin compañía; probablemente agotada de provocar huracanes en Nueva York; el hecho es que la mariposa buscó azarosamente esa caja de zapatos llena de hojas de morera y se introdujo en ella con la naturalidad de quien lleva haciéndolo media vida. Una vez dentro, arrugó sus alas como si se tratase de papel de fumar y se transformó en un gusano, cuyo tamaño fue menguando tanto, tanto, tanto… que llegó un momento en el que se parecía más a una bella y diminuta larva que a otra cosa de colores.